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Los salarios de hambre

Por : Gilberto LAVENANT  Pocas veces, salvo en temporada de campañas políticas, por ejemplo o de festividades, políticos y empresarios recuerdan que hay una clase social, sobre la cual...

Por : Gilberto LAVENANT 

Pocas veces, salvo en temporada de campañas políticas, por ejemplo o de festividades, políticos y empresarios recuerdan que hay una clase social, sobre la cual descansa la pretendida estabilidad económica del país. 

Bajo el supuesto de que, aumentar el salario, implicaría un aumento generalizado de precios, políticos y empresarios frenan la posible mejoría económica de los trabajadores mexicanos. 

Como parte de esto, hay quienes afirman que los salarios mínimos, son una figura simbólica, que prácticamente existe solamente en textos legales. 

Dicen que solamente una cantidad mínima de mexicanos perciben salario mínimo. Que en realidad la mayoría percibe de 1.5 a 2 salarios mínimos. Que no hay razón de que exista la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos. Que los montos que fija anualmente, es solamente un formulismo, básicamente para efectos fiscales. 

Para empezar, todo lo relativo a los salarios mínimos, constituye una de las más grandes mentiras oficiales, que existen en el país. 

Para quienes no lo recuerdan, cabe recordarles que la Constitución General de la República, en el artículo 123, señala que : “Los Salarios Mínimos Generales deberán ser suficientes  para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”. 

Lo dice la Carta Magna : “deberán ser suficientes  para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”. 

El enunciado da a entender, que el salario mínimo es una cantidad suficiente, para que un trabajador cubra las necesidades alimenticias, de vestido, salud e incluso recreación de su familia, integrada como mínimo por su esposa y un hijo. 

Pero esto más bien es un enunciado de ciencia ficción. El salario mínimo vigente en el 2016, es de solamente 73.04 pesos diarios, a razón de 9.13 pesos por hora. 

Definitivamente, los integrantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, han de ser asiduos lectores de libros de ciencia ficción, para imaginar que un trabajador mexicano, que percibe salario mínimo, pueda cubrir las necesidades alimenticias, de vestido y salud, e incluso recreación, de su familia, con solamente 73.04 pesos.

Los patrones, engañan a los trabajadores, estableciendo supuestos bonos o premios, por puntualidad, por asistencia, por productividad y limpieza, que hacen que se “infle” artificialmente el salario que perciben. 

Bonos o premios que se le cancelan, si un día, llega cinco minutos tarde, o no acude a trabajar o por cuestiones de salud baja su producción. 

En México, está prohibida la esclavitud. Los salarios mínimos son tan poca cosa, que obligan a los trabajadores a llegar antes de tiempo a la fuente de trabajo. A esforzarse, para mantener el rendimiento óptimo y mantener limpia el área de trabajo. 

Cualquier descuido les hace perder los bonos o premios. No necesitan de látigos, para obligarlos a trabajar. Para eso existen los salarios mínimos. Con eso basta. 

Para que tengan una idea más clara, al respecto, el columnista tuvo a la vista, el comprobante de pago de salario de un trabajador de salario mínimo.

El sueldo ordinario diario integrado, es de 137.91 pesos diarios, incluidos bonos o premios.

Por séptimo día 122.00 pesos; por horas extras, 15.25 pesos; por bono de asistencia 85.00 pesos; por bono de puntualidad 85.40 pesos; por vales de despensa 105.00 pesos.

Total, a la semana, percibe 849.00 pesos. Con esas cantidades, aún sigue vigente la canción de “La bartola”, que entonaba Pedro Infante :

“Mira Bartola, ahí te dejo esos dos pesos, pagas la renta, el teléfono y la luz. De lo que sobre, coge de ahí para tu gasto. Guárdame el resto pa’comprarme mi ali pus”.  

En tales condiciones, México es el país de las incongruencias. Aquí viven los hombres más ricos del mundo, en tanto que el 50% de su población vive en pobreza extrema. 

Y políticos y empresarios se duelen y desconciertan de la enorme ola de violencia que azota al país.

gil_lavenants@hotmail.com

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