Los transformadores

Por : Gilberto LAVENANT Una de las promesas más comúnes o frecuentes, de los candidatos a puestos de elección popular, durante el actual proceso electoral, es la de que...
La judicialización en el proceso electoral

Por : Gilberto LAVENANT

Una de las promesas más comúnes o frecuentes, de los candidatos a puestos de elección popular, durante el actual proceso electoral, es la de que ellos serán capaces de cambiar las cosas.

Lo dicen, con  exagerada presunción : -vota por mi, si quieres un cambio. Como si la administración pública, fuese factible transformarla, tan solo por el cambio de individuo a cargo de la misma.

Algunos, presumidos, afirman que ellos sí saben cómo solucionar los problemas de la comunidad. Como diciendo que los antecesores o actuales gobernantes son unos ignorantes o ineptos.

Unos, con anterioridad, han ocupado puestos diversos, en base a lo cual dicen que ya hicieron bien las cosas, y que ahora lo harán mejor.

La verdad de las cosas es que, del dicho al hecho, hay mucho trecho. Unos u otros, llegan al cargo, y las cosas siguen igual. El prometido cambio, nunca llega.

En el caso de Tijuana, independientemente de que los nuevos funcionarios sepan hacer bien las cosas, uno de los limitantes más serios, es el aspecto financiero.

La falta de recursos ha generado un severo retraso urbanístico. Se pide prestado, para parchar las calles y cubrir los huecos o faltantes en la obra pública. La ciudad cada día crece. Y crece la problemática social.

Los políticos llegan a la función pública y nadie se atreve a decidir que consciente de las carencias, no van a cobrar sueldos. Que para ellos, basta el honor de gobernar la ciudad. Sería extraordinario que cualquiera de los candidatos actuales, dijera eso.

Novatos o experimentados, todos aspiran, al ostentar un cargo público, a percibir sueldos de primer nivel, que no recibirían en una empresa privada.   Lo de que van a cambiar la administración pública, es puro cuento.

En el puro hablar, se percibe que desconocen cómo es que funciona la administración pública.  Los aspirantes a alcaldes, por ejemplo, se expresan, como si pretendieran ser reyezuelos todopoderosos, cuando que el alcalde solamente es el coordinador del ayuntamiento, que es el órgano de gobierno municipal.

Todos dicen :-Yo voy a hacer esto, o –yo voy a ser de esta manera. El “yo-yo” casi nunca funciona, en la administración pública.

Así mismo, la efectividad de la labor de un alcalde, depende de la estructura en  la que gobierna. Si el gobernador es de un partido distinto, no le apoyará o facilitara, como si lo fuese. Lo mismo ocurrirá con los integrantes del gobierno federal.

También depende del apoyo que logre de los integrantes de la legislatura estatal. Si la mayoría son de la misma filiación partidista, le facilitarán o respaldarán cualquier propuesta o programa. Si son minoría, le pondrán trabas.

Si bien es cierto que muchas de las cosas del nivel del gobierno municipal, dependen  de la voluntad del alcalde, no basta la voluntad de este, para que se hagan las cosas.

En parte, por la falta de recursos y por el exceso de necesidades. En parte, porque 3 años de gobierno, son insuficientes para atender el rezago urbanístico y el atrazo de los servicios públicos.

Las instituciones educativas, deberían implementar, al menos a nivel de diplomado o especialidad, cursos sobre administración municipal, abarcando todas las áreas propias del gobierno local.

Y en la legislación electoral, establecer como requisito, el haber cubierto tales cursos, como exigencia básica para lograr una candidatura. Más que la aceptación popular, se requiere capacidad.

Los cambios, no se logran tan solo por la filiación partidista de los gobernantes en turno. Si los individuos no cambian, las cosas seguirán iguales, aunque sean de distinto partido.

Pero será peor, si quienes llegan a gobernar, no tienen  estructura que los apoye. Podrán llegar al cargo, pero gobernarán solos, a base de improvisaciones y ocurrencias.

Así mismo, depende mucho del número y grado de compromisos adquiridos en campaña. Hay quienes “venden su alma al diablo”, con tal de lograr adeptos que, supuestamente, le garanticen votos. Hasta ahí terminan las promesas de cambio.

gil_lavenants@hotmail.com

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