Jesús Ruiz Uribe fracasó, una vez más en su carrera política y ahora tendrá de frente su especialidad: Buscar un salvavidas para seguir cobrando del erario.
Después del proceso interno de Morena para definir la coordinación, mientras los demás aspirantes regresaron a sus respectivas responsabilidades, él parece haberse quedado mirando al espejo sin nada que hacer ni aspiraciones.
Durante el proceso que nada más el creyó posible, deslumbraron espectaculares con su rostro por todo Baja California, una exposición publicitaria que convirtió calles y avenidas en una especie de monumento al gasto político.
El problema es que, si el objetivo era posicionarlo para ganar la coordinación, el resultado fue bastante menos espectacular que los espectaculares.
Mientras los demás contendientes regresaron a sus espacios, Ruiz Uribe parece entrar en una etapa bastante más complicada: ¿ahora con quien se alinea?
Porque una cosa es anunciar “unidad” y otra muy distinta es necesitar que alguien te abra la puerta. Y justamente ahí aparece Julieta Ramírez, a quien Ruiz Uribe ya se puso a la orden con el discurso políticamente correcto de los “tiempos de unidad y apoyo”.
Bonita frase. Traducida al idioma de la política, podría sonar más o menos así: “¿Hay lugar para mí en el barco?”.
Igualito que la diputada local del distrito 6, si esa que se la pasa de pleito en pleito aquí, alla, y acullá, pero que ahora, al igual que Uribe anda poniendo curitas con todos los que habló pestes de ellos durante este proceso interno de MORENA. Ajá esa mera… la que entendió entendió.
La escena resulta particularmente reveladora. Después de gastar recursos en una campaña de posicionamiento estatal, el hombre que pretendía convertirse en uno de los protagonistas del proceso ahora parece dispuesto a convertirse en aliado del proyecto que encabezará la nueva etapa.
Lo curioso es el contraste: primero buscar el reflector; después, buscar cobijo bajo el reflector de alguien más.
Y aquí aparece la ironía mayor: después de una campaña construida alrededor de la visibilidad, llega el momento en que la pregunta ya no es cuántos espectaculares tuvo Jesús Ruiz Uribe, sino qué queda después de quitarlos.
Por lo pronto, el contraste es brutal. Unos regresaron a sus oficinas, a sus responsabilidades y a sus estructuras. Ruiz Uribe parece haber regresado a una pregunta mucho más incómoda: ¿y ahora quién me rescata?
Y mientras tanto, a no ser el buen corazón de los morenistas, parece que Ruiz Uribe terminará en el cobijo de los resentidos que no saben ganar elecciones: El PT. Pero eso sí, con programa de televisión incluido para soltar la lengua a todo lo que da.








